El Protocolo Familiar es un acuerdo marco, firmado entre familiares que son socios (actuales o, previsiblemente, futuros) de una misma empresa, con la finalidad de regular la organización y gestión de la misma, así como las relaciones económicas y profesionales entre la familia, la propiedad y la empresa, para darle continuidad de manera eficaz y con éxito a través de las siguientes generaciones familiares.
Las razones por las que resulta aconsejable preparar, negociar y firmar un Protocolo Familiar son:
(i) clarifica y delimita los ámbitos de actuación de la familia y la empresa, evitando interferencias entre ellos;
(ii) objetiva determinadas cuestiones y las despersonaliza (por ejemplo, la necesidad de otorgar capitulaciones matrimoniales estableciendo como régimen económico matrimonial el de separación de bienes);
(iii) resuelve "a priori" determinados problemas (los previsibles), señalando la solución a los mismos para el caso de que se planteen;
(iv) por último, y para los problemas no previstos, establece determinados cauces (como el Consejo de Familia) que permitirán su solución en el seno de la familia, evitando que afecten a la empresa.